El cuervo

A mí me gustaría escribir un par de poemas con olor a Carver,

y con ese olor me conformaría.

Editar un libro y tener de portada un cuervo grande y negro,

aunque sea una idea copiada.

Me levanto por las mañanas y tengo la terraza llena de palomas, de plumas, de mierdas

esos animales estan solo para cagar.

En vez de escribir algo me toca limpiar con lejía.

Un cuervo negro necesito, como la nariz que tengo extraña,

larga y torcida, como un pico ya viejo. De contable. De Giovanni Arnolfini.

También me gustaría poder escribir un par de cuentos,

como Dios manda,

pero no creo en nada.

Ni en Dios, eso ya lo he dicho.

Así me va.

Escaleras

Mi padre se sentaba en una mecedora, que pintaba mi madre. Oscilaba

entre un pequeño ruido de madera y sus largas piernas.

Era el tiempo de Clint Eastwood. Era un tiempo de porche.

Saludaba a sus vecinos, con la mano, como saluda un rey.

Yo lo ví mecerse, mientras la casa algunas veces se llenaba de bruma

-ya sabes que hará tu chico?.

Y él me miraba y respondia:

-éste no sabe nada.

Después he conocido escaleras , sentidas como mecedoras.

y también la bruma.

En la morgue, recogí sus gafas que me extendió un tipo con bata blanca

y su cartera atada con dos gomas elásticas. Cerrada.

Inhóspita, diría ahora.

Como una escalera que pretendiera engañar la dirección.

Mi madre pagó los gastos con el dinero de aquella cartera.

Vivo en una casa sin porche y no tengo las piernas tan largas.

Suelo dejar objetos en los escalones como si me diera pistas

para entender.

Verano

En verano todo da lo mismo, dudo que sea el calor.

Uno piensa que es el Tiempo. Trato de escribir un poema para guardar en un cajón,

pero tengo la ventana abierta y pasa constantemente un tipo con un cuchillo en la boca.

Me gustaría escribirte este poema que busco, pero este sol infame que no necesita paracetamol

continua y continua iluminando esa lámina de acero inoxidable

que brilla en la boca del tipo que no para de pasear, calle arriba , calle abajo.

Cuántas veces te dije que preferiría saber de insectos, tal vez de minerales

como el granito compuesto por cuarzo, feldespato y mica.

Pero no , aquí estoy con un cajón abierto esperando un poema para guardar,

dejándolo caer suavemente, como va llegando Octubre, apoyándose en una barandilla

sin cinta adhesiva.

todo el mundo tiene en algún cajón de su casa cinta adhesiva y cinta aislante.

Eso es la prudencia.

Será este verano incansable, este calor de garganta, este vacio en blanco de nada.

Pero aquí estoy, centinela de servicio, pensando en Roma, pensando en tí.

Y viendo pasear a un tipo con un brillo en la boca, de ira, de fuego.

Uno se merece el sol que tiene, pienso.

Toda la vida peleándome con el tipo que soy ,ése de la indolencia y la desgana,

el ingenuo que todavía cree al girar las esquinas.

Y allá afuera revienta el día. Y los bárbaros hacen su trabajo.

Tengo una hoja en blanco que nunca se deja llenar, ni escribir.

Y un cajón abierto, oscuro.

Voy a Roma, donde no existo.