Gatos

Salgo de todo siempre con arañazos. Y no me gustan los gatos. No al menos los míos. Poco obedientes, desinteresados, aislados. Alguien dijo que caía siempre de pie. Ahora trato de no caer. Se aprende a caer con gracia, evitando el golpe. Llorando menos. Así caen mis gatos, como un fallo del ballet que nadie se percata. Doblándose sin romperse. Como la goma de borra, que siempre dejaba alguna huella, nunca esas gomas han podido borrar nada.

Mira el gato que soy. Atrévete con los arañazos.

Aceptando

Siempre hubo un tiempo pero yo no lo he encontrado. Hay muchos días con los párpados caidos, como mirándose sin saberse . No evito los espejos pero ahí estan. Somos una ganaderia sin ganas de nada o con el sombrero mal puesto o la piel caducada. Ni me interesan los devotos de la técnica, ni las explicaciones que me dan de Amy Winehouse, que sigo con el corazón lleno de vino. No, no he encontrado ese tiempo, yo soy de los que gotean y no arreglan el techo. Ni llamo al seguro, que contradicción. Hace ya que tacho los adjetivos y empiezo a tener mal gusto con los adjetivadores de mis revueltas. Algunos días me abro el cuerpo a cuchillo, por ver el alma, si continua a mi lado, por ver si algo continua de cerca, como queriendo ser científico; pero mi alma es de las que vuelan, de las que abandonan al cuerpo. Ya la conozco. También podría hablar de los párpados medio cerrados pero soy público, y aplaudo a Amy. Voy aceptando pasar, como los días.

Autos de choque

Siempre he conocido las verdades en voz baja, mi padre las decía sin levantar la voz, a mí me tocaba escucharlas con un detenimiento que no tenía. Yo pasé de los 15 a los 55 de repente, me lo avisó el reflejo de las canas luego supe que nada es de repente, ni morirse. Ni las verdades que guardé en una cajita azul, donde pongo lo importante, han aguantado, duran más las piedras, no lo sabías?.

Los autos de choque llegaban de repente a un descampado de mi pueblo, y allí íbamos a pasar la tarde entre golpes y el claxon potente que anunciaba el fin de la ficha amarilla que se insertaba por la ranura y el coche se paraba. Quién no conoce esos autos?, anda ,no me jodas. Lo sabes mejor que yo, chocar y estrellarse, como la noche de Van Gogh. Esas tardes vi tatuados en los brazos: ” amor de madre”. Uno se tatua las querencias, yo de mi madre solo hablo si me sale el alma, a veces inexistente.

A veces el tiempo ha sido un descampado, me dediqué a la fotografia y ya no tengo retratos. Pusieron fincas y pisos y contenedores donde los autos aquellos. El tipo que daba las fichas ,siempre aburrido, veía pasar la tarde entre luces intermitentes. A veces el tiempo es solo la intemperie.

Vengo de una casa de pueblo, grande con muros como los de Jerusalen. A veces ,hemos apoyado todos la cabeza en esos muros de humedad y nostalgia. Como rezan los desesperados. A golpes.